El proceso del duelo

El proceso de duelo tiene lugar ante la pérdida de algo material o simbólico, como el fallecimiento de un ser querido o también ante la pérdida de otras relaciones o expectativas (de pareja, de amistad, laborales, de salud etc.).  Es una respuesta natural del ser humano ante la pérdida de aquello que se otorga valor. De alguna forma, es el precio de estar vinculados a aquello que es importante, por poder experimentar conexión, afecto e intimidad con otras personas y derivado de la propia interacción con diferentes situaciones vitales.

Por este motivo, la experiencia de duelo es un proceso que todos hemos vivido o estamos predestinados a vivir. Sin embargo, aún teniendo ese carácter universal, es una experiencia profundamente única y personal. Está condicionada por el punto de vista y la historia de aprendizaje relacionada con los eventos que cambian en un duelo, por lo que, en este espacio sólo hablaremos de orientaciones generales y no definitivas que te puedan servir de guía para este proceso individual.

En general, suele ser frecuente al atravesar un proceso de duelo ir transitando por diferentes momentos, aunque muy variables en el orden y en su presentación (no se viven de manera exclusiva):

 

Duelo

 

Los primeros momentos en el duelo

Tras la pérdida, puede darse una sensación de aturdimiento o choque en el que es frecuente sentir incredulidad, confusión, agotamiento, problemas de digestión, insomnio, etc. Es habitual escuchar decir a las personas que todavía esperan a que la persona amada entre por la puerta, como si lo vivido sólo estuviera siendo un mal sueño. Todas estas sensaciones tienen una función anestésica o protectora, hacen de filtro de la realidad, para poder ir graduando lentamente el nivel de impacto del sufrimiento.

En estas circunstancias puede ser importante:

  • Permitirte sentir y expresar todas esas  sensaciones físicas, emociones, pensamientos y cualquier reacción psicológica.  Frente a esta vivencia, puedes apoyarte, según lo vayas necesitando, en aquellas personas concretas del entorno con las que te sientas más cómodo. No obstante, recuerda que a menudo aún con buena intención, puede haber personas que hagan comentarios desafortunados.
  • También puedes expresar en positivo a otras personas cómo prefieres recibir la ayuda (por ejemplo, “te agradezco un montón que me preguntes, pero hoy me vendría bien/prefiero distraerme de lo ocurrido hablando de otra cosa”). Permítete también, si así lo sientes, espacios para estar a solas.
  • Progresivamente, intenta, muy poco a poco, ir restableciendo las funciones básicas del día a día (alimentación, higiene, sueño…) en una pequeña rutina y pospón, la toma de decisiones importantes así como otras demandas no urgentes e importantes. Puede ser muy necesario reducir la exigencia para poder atender aquellas demandas del entorno más urgentes y delegar en otras personas, si es posible, otras tareas a fin de poder ponértelo más fácil.
  • Para modular los niveles de activación fisiológica, intenta buscar pequeños espacios de distracción o relajación. Dado que las dificultades de concentración suelen ser bastante comunes en esta etapa, intenta buscar aquellas ocupaciones que no requieran grandes esfuerzos cognitivos.
La parte necesaria del duelo, la aceptación y experiencias emocionales

Desde que se inicia el proceso, puede haber momentos de negación, donde la aceptación de la realidad se perciba muy costosa. En estos momentos perder todavía la esperanza resulta complicado, por lo que la negación sigue siendo una forma de no olvidar, pero sirve para ir adaptándose a un día a día sin lo perdido. En ella pueden aparecer frecuentemente pensamientos rumiativos sobre lo ocurrido y sentimientos de irritabilidad, culpa, etc.

Es frecuente que se esté inmerso en la pérdida y se perciban alteraciones emocionales, con cierta desorganización y desesperanza. La tristeza y la añoranza aparecen con peso y poco a poco la pérdida se va asimilando como definitiva. No es de extrañar, precisamente por eso, que algunas personas verbalicen sentirse peor en esta etapa que en las anteriores, aunque haya transcurrido ya un tiempo desde que la pérdida se produjo. No obstante, la tristeza y la añoranza ayudan a ir elaborando la pérdida y aceptándola.

  • Aunque sea algo muy difícil, en este momento suele ser positivo mantener la red social de apoyo y que expreses todas esas emociones y pensamientos. También, encontrar nuevos espacios donde mantenerte activo y ocuparte de otras cosas, combinados posteriormente, con períodos en los que muy poco a poco y a tu ritmo, vayas permitiendo el acceso a los recuerdos dolorosos.
  • En función de cada caso, escribir y expresar todo tipo de afectos (tristeza, gratitud, perdón, etc.), incluso asuntos pendientes, puede ser un ejercicio de apoyo. No obstante, aunque es muy importante que puedas permitirte sentir la tristeza, también lo es que puedas realizar  actividades gratificantes y prevenir así el abandonarse.
La adaptación de las rutinas y la acomodación con el duelo en el día a día

Finalmente, aún estando afectado/a, se camina hacia la reorganización. La pérdida se ha integrado dentro de la historia de vida y los cambios se van aceptando. Esto no significa olvidar, sino recordar con un dolor mucho más tolerable, e incluso, en ocasiones, poder narrar la historia desde una mirada más distanciada y comprensiva.

  • Suele ser frecuente querer atravesar dicho proceso cuanto antes, ya que como su nombre indica, el duelo duele mucho. Sin embargo, se puede ver este proceso como algo que forma parte de la historia biográfica y que se ha de transitar necesariamente. También reconforta verbalizarse capaz de afrontarlo, aceptando los altibajos emocionales que vengan.

El duelo marca un hito de gran impacto emocional, su experiencia está íntimamente relacionada con la historia de pérdidas, circunstancias, recursos personales de la persona y de su contexto, así como con el apoyo social e incluso cultural. Por eso, algunas veces también puede derivar en un duelo patológico u otros problemas psicológicos.

Si percibes que estos síntomas de malestar psicológico todavía son muy intensos, perduran en el tiempo, no observas un progreso aparente o han acabado provocando una incapacitación para tu vida y tus relaciones, escríbenos, te acompañaremos y aportaremos una ayuda profesional especializada.

Escrito por la psicóloga Virginia Ceña.

 

 

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