En E.R.T.E. psicológico

ERTE psicológico

El desempleo provocado con la crisis del coronavirus impacta en varios puntos psicológicos esenciales: la sensación de control, la estabilidad emocional y la supervivencia.

Conseguir un empleo es un objetivo muy deseado, reforzado y valorado socialmente. En una cultura competitiva que lanza el mensaje de que “hacer más es mejor”, adquirir un empleo supone ganar un salario y vincularse con determinadas metas, pero también otorga una posición e identidad social. Por eso, quienes actualmente no pueden continuar o embarcarse en un trabajo remunerado, se cuestionan a sí mismos y acusan fácilmente sentimientos de tristeza, culpa e inseguridad. Cualquiera es vulnerable de sentirse así. No es un problema de cómo se percibe la vida, sino el resultado de la pérdida de planes y proyectos y de lo que hacemos en esa situación.

Ahora bien, conocer cómo afecta, permite tener algunas claves para ayudar a sobrellevarlo. No siempre se podrá preservar una firme autoestima, pero incluimos en este espacio algunas claves generales para quienes se encuentran sin trabajo o en ERTE.

Como afecta la pérdida de trabajo

La pérdida de empleo a menudo implica atravesar un duelo que puede cursar inicialmente con sentimientos de shock, irritabilidad, culpa, así como pensamientos rumiativos o preocupaciones excesivas.

Si ocurre, permítete y normaliza tener estas emociones, quizás sean naturales en esta situación “fuera de lo habitual”. Resulta más tolerable a medida que uno va siendo capaz de adaptarse y asimilar la nueva situación. Para ayudarte, incorpora rutinas, sigue planificando actividades agradables y cuida tu red social de apoyo.

Las autocríticas pueden afectar la propia identidad

También es frecuente experimentar de manera prolongada pensamientos de autocrítica como “soy un fracaso” o “debería haber conseguido ya un empleo”, etc., que dificultan el afrontamiento al someter al organismo a mayores niveles de estrés.

Si te identificas con esto último, revisa si tales pensamientos explican de forma completa tu situación. Algunos de los sesgos más comúnmente presentes son: sobregeneralizar y minimizar otros logros o habilidades (por ejemplo, “no soy bueno para nada”) o atribuirse toda la responsabilidad a uno mismo sin tener en cuenta el contexto (por ejemplo, “estar en esta situación se explica solo por mí”).

Ayúdate a buscar otras explicaciones posibles que contemplen todos los elementos de esa situación. Como ejemplo, una forma alternativa de explicar lo ocurrido en una situación y ser más compasivo podría ser: “hay habilidades que puedo intentar mejorar, pero hay otras muchas cosas que hago bien”, “en todo esto han influido otros factores fuera de mi control”, “la situación que estoy atravesando no es fácil”, “es normal no conseguir todo lo que me gustaría de inmediato”, “puedo centrarme en los próximos pasos que tenga que dar”.

Los reajustes son necesarios

No es una tarea sencilla conseguir determinados objetivos personales y profesionales, por lo que trata en lo posible de trata de ajustar tus objetivos a metas realistas.

Apoya el proceso que ya estás realizando en lugar de poner todo el foco de tu satisfacción en los resultados: no es lo mismo focalizarte en “enviar cv’s”, que en “ser seleccionado”, donde intervienen múltiples factores. En lugar de auto-criticarte, puedes probar a enfocarte en las acciones que llevarás a cabo a continuación y que sí dependen de ti mismo.

Una experiencia vital compartida

También es de gran ayuda leer y compartir experiencias con quienes que se encuentren en una situación similar o pensar en personas que hayan atravesado una experiencia parecida y a las que tengas en estima. Recuerda que tu valía como ser humano no se mide por tu situación laboral, ni puede medirse por ningún logro determinado en un momento dado, pues “lo esencial, es invisible a los ojos”.

Esperemos que cambie pronto esta delicada situación. Contáctanos si percibes que el malestar psicológico es intenso, evitas retomar lo que quieres o hacer algo importante para ti, estamos aquí para ayudar y acompañar.

Escrito por Virginia Romero

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